lunes, 19 de octubre de 2009

Entalpía en aumento: reflexiones sobre física, biología y misticismo. Parte I.

¿Es la vida un error en el universo? ¿Es la inteligencia y la conciencia un mero accidente en el largo proceso de la evolución? La respuesta oficial desde la ciencia a estas dos preguntas es afirmativa. Para entender el porqué debemos conocer un poco a cerca de la física del universo.

Según la segunda ley de la termodinámica, cualquier sistema cerrado tiende a la entropía, esto es, a la disminución de la energía disponible para realizar “trabajos”, a la disminución de la temperatura. Si consideramos el universo como un sistema cerrado decimos pues que el universo tiende al caos, a la entropía.

La única definición de vida realmente fiable, que descarta rotundamente como seres vivos “cosas” como virus informáticos o minerales que cristalizan, es aquella que define a los seres vivos como regiones del universo en los que la entalpía (es decir el orden) aumenta de manera constante. Vemos pues que la vida va radicalmente en sentido contrario al resto del universo. Por este motivo los científicos afirman que por probabilidad es algo accidental, algo casi imposible de que suceda. De hecho ese mismo argumento lo utilizan los creacionistas para afirmar que la vida fue creada por dios.

Pero veamos que sucede realmente con la energía en esos espacios que llamamos seres vivos y en sus alrededores. Observamos que para poder aumentar el orden, la entalpía, en su interior los seres vivos aumentan el caos a su alrededor, disparando la tendencia global hacia la entropía. Es decir que la vida no hace que el universo no avance hacia el caos, al revés, potencia esta dinámica.
Para entenderlo, es como si queremos partir un leño y tenemos el hacha a un palmo de distancia. Con ese recorrido difícilmente podremos partirlo, ahora bien si retiramos el hacha para ganar distancia, aunque en primer momento parezca que nos alejamos del objetivo, en realidad será más efectivo.
Se puede concluir pues que la vida no es una casualidad, ni un diseño inteligente, si no pura consecuencia necesaria de las leyes físicas que rigen el universo. El resultado de la aparición de la vida es un aumento más rápido de la entropía total del universo. No consumimos energía para vivir, si no que vivimos para consumir energía.

Es absurdo pensar que en el universo puede haber algo casual, algo dejado al azar, en todo caso nos lo parece por falta de información, por falta de conocimiento de las causas. Aceptar que la vida podría no haber aparecido es como aceptar que “el sol podría no salir mañana”.

Continuando con el mismo razonamiento veremos que la aparición de la vida inteligente es otro imperativo consecuente de las leyes físicas. Cuanto más inteligente es un ser vivo, más energía consume, mediante la tecnología. Aumentamos nuestra comodidad a raíz de consumir energía: de aumentar el caos, la entropía. Por tanto las leyes físicas del universo favorecen la aparición de la inteligencia. Podría muy bien ser que contaminar nuestro medio ambiente es en realidad para lo que estamos aquí. Sonará muy chocante a los ecologistas, pero así es: el ser humano está en la tierra para agotar sus recursos energéticos. Hagamos lo que hagamos es nuestro destino, y del resto de seres vivos.

Ahora bien sí creo que lo que nos diferencia es que podemos escoger modificar el ritmo de consumo energético, optimizarlo para que nos dure más. No simplemente consumimos sin más, si no que podemos evaluar la manera de que los recursos nos duren más, y eso, eso sí que va en contra de lo que cabría esperar según las leyes naturales. O quizá no. Puesto que si optimizamos nuestros recursos podremos sobrevivir más tiempo en este planeta, con lo que tendremos más tiempo para desarrollar nuestras tecnologías… ¿podremos conseguir consumir recursos de otros lugares del espacio donde no hay vida? Es difícil de decir.

jueves, 17 de septiembre de 2009

¿Amar al enemigo? Una reflexión sobre la Compasión.

En una ocasión un maestro budista llevó a sus discípulos a un retiro en un bosque. Al llegar al lugar de retiro los discípulos salieron a buscar leña. Entonces vieron como un cazador daba muerte a un ciervo. Al regresar explicaron al maestro la gran compasión que habían sentido por el pobre animal. Al oír esto el maestro se levantó y les ordenó regresar, el retiro se había suspendido pues aún no estaban preparados para progresar, no comprendían aún que es la compasión.

La compasión budista es de hecho muy similar, si no idéntica, a la compasión cristiana. Es quien genera la violencia, el sufrimiento, quien merece nuestra compasión y perdón, pues es quien atenta contra su integridad moral y espiritual. Quien sufre, al fin y al cabo, no ha realizado nada que dañe su humanidad.

¿Cómo despertar esa compasión? Es más, ¿realmente tiene sentido? Como intenté explicar en el post anterior, todo lo que somos es herencia de lo que fuimos, de lo que hemos vivido, de lo que aprendimos, de las experiencias pasadas de las que no somos dueños. No hay libre albedrío, no se realiza el “mal” voluntariamente, pues no existe la libre voluntad. Aceptando de manera absoluta el hecho de que no existe el libre albedrío aparece espontáneamente la compasión hacia al que genera sufrimiento.

Muy relacionado con el concepto de la compasión está el del amor universal: “ama a tu prójimo como a ti mismo”. Tan solo hay una manera de llevar esto a cabo y es comprendiendo que no hay “tú y yo”. Cuando alcanzamos la visión de unidad y somos conscientes de que Todo es Uno, el amor universal es la consecuencia natural. Este amor supone también la compasión por empatía, comprendiendo que siendo todos lo mismo en el fondo, yo podría él.

Estas son las dos vías hacía la liberación: la del conocimiento y la del amor. Pues también cuando mediante la reflexión y la empatía vamos desarrollando el amor universal y la compasión, finalmente llegamos a comprender que Todo es Uno. Ambas vías se complementan y una lleva a la otra.


Reflexionemos sobre la validez de la no compasión, del castigo como vía sistemática para intentar mejorar la sociedad y los individuos. Instintivamente queremos castigar a aquellos que nos hacen daño. El sistema penitenciario está pensado fundamentalmente como un sistema punitivo, de castigo. Pero, seamos claros, tan solo sirve para calmar las ansias de venganza de aquellos que sufren algún delito, sea una agresión, un robo, una violación o el asesinato de un ser querido. Pero, ¿funciona? La respuesta es más que evidente, no. Si realmente funcionara nuestra sociedad sería diferente. ¿Queremos vengarnos o queremos evitar que sigan sucediendo este tipo de cosas? Está claro que el castigo no amedrenta a quien realiza estos actos, ni la cadena perpetua o la pena de muerte impiden que sigan produciéndose este tipo de actos. La violencia no puede ser detenida con más violencia, ni con odio, ni con ira. La violencia tan solo puede ser detenida mediante la comprensión.

Esto no significa que debamos dejar a aquellos que cometen violencia libres y sin consecuencias por sus actos. Pero en vez de centrarse en el castigo (surgido del odio y la ira) sería mejor entender la raíz del problema y enfocar la acción hacia la prevención y hacia la rehabilitación siempre que sea posible. A Pitágoras se le atribuye la sentencia: “Educad a los niños y no será necesario castigar a los hombres”



Tan solo actuando sobre la fuente de los problemas se pueden solucionar. Entendiendo que todos somos víctimas de nosotros mismos, de nuestro pasado, sentimos compasión hasta por el más cruel asesino. Es el quien se ha alejado de su humanidad y no sus víctimas. Pero siendo consecuencia de su educación, de sus vivencias, ¿es realmente culpable?

La próxima vez que sientas odio hacia alguien por algún acto que haya cometido, no reprimas ese odio, sin embargo después detente a pensar un momento en qué es lo que ha llevado a esa persona actuar de esa manera. Y si, realmente, no podrías haber sido tú, en otras circunstancias, quien lo hubiera hecho. Y es que el sufrimiento es fruto de la ignorancia: “perdónales, porque no saben lo que hacen”.

viernes, 7 de agosto de 2009

Efebofilia, que no pedofilia: programados genéticamente

A lo largo de la historia las palabras acaban teniendo significados y aplicaciones diferentes, se acuñan de nuevas y otras dejan de utilizarse.

Mucha gente aunque conoce que en la antigua Grecia se practicaba la pederastia, desconoce realmente en que consistía, en parte porque esta misma palabra denotaba una realidad diferente a la actual.

En la Grecia antigua la pederastia se practicaba entre hombres adultos y hombres adolescentes, y no con niños. Por lo tanto existe un problema terminológico, pues según la aceptación actual la atracción por adolescentes no es pedofilia sino efebofilia (hacia chicos) o hebefilia (hacia chicas). Aunque socialmente siga estando mal vista la relación entre chico o chicas de menos de 18 años y adultos, lo cierto es que en algunos países como es el nuestro la ley diferencia a efectos prácticos entre lo que es pederastia y lo que es sexo con adolescentes, pues la edad de consentimiento legal es de 13 años y no de 18. Actualmente se pretende subirla a 14 años, y antes del 95 era de 12. En toda Europa tan solo Malta tiene una edad de 18 años, ningún otro país tiene legalmente una edad de consentimiento de 18 años, en todos está comprendida entre los 13 y los 17. Se puede argumentar que en todos estos países existen etnias que no conforman la cultura mayoritaria que en sus costumbres tienen el matrimonio con adolescentes y que por no atacarles frontalmente se establecieron estas edades de consentimiento.

Y sin embargo, aunque sea legal, está mal visto que por ejemplo un hombre de 40 años tenga sexo con una adolescente de 14 años. Se le considerará automáticamente un pederasta, siendo esto totalmente falso pues en realidad lo que hay en estos casos es hebefilia y no pedofilia. Y no es algo banal, porque existe un fondo biológico que delimita que la pedofilia sea una perturbación y la efebofilia no. Y es tan sencillo como que un adolescente es un individuo sexualmente maduro, sexualmente adulto. Por tanto es totalmente comprensible y natural que adultos sientan atracción hacia adolescentes, sobretodo en el caso de hombres adultos hacia chicas adolescentes. Y esto es así porque biológicamente hablando la edad óptima de procreación es más bien hacia los 20, y no hacia los 40.
El sexo en los adolescentes siempre ha sido mal visto, también entre ellos. En el pasado como una medida inconsciente de control de la natalidad, en el presente como una medida de retrasar el embarazo para proporcionar a los individuos la formación necesaria para labrarse un futuro ellos y educar en condiciones a los descendientes, en una sociedad tan elaborada. Hace falta más tiempo que en la prehistoria para adquirir los conocimientos suficientes para adaptarnos a la sociedad y adaptar a nuestros hijos. Pero todo eso no quita que el impulso sexual aparezca a la edad a la que aparece, que es antes de los 18, y que por tanto un adulto pueda sentir atracción hacia un adolescente.



Escena pederasta en la antigua Grecia


Creo que la ley está bien como está, pero que además debe aceptarse la realidad como es, aceptar que no hay nada de inmoral en la atracción hacia adolescentes. Otro tema es que el adulto, sabiendo lo que implica el embarazo, socialmente hablando, a esas edades se abstenga de correr el riego, aunque se le plantee la posibilidad. Sin embargo eso no evitará que se de sexo entre adolescentes. Por tanto, al fin y al cabo, la solución pasa como siempre por tomar precauciones, y en ese sentido lo que cuenta es la conciencia y no la edad.

viernes, 3 de julio de 2009

Juguetes del destino: el espejismo del libre albedrío.

Pocas cosas existen que puedan incomodarnos tanto como el hecho de considerar que todo está determinado, incluso nuestras elecciones, que no somos libres. Nuestro concepto de Yo se sustenta en gran medida en la percepción de que escogemos libremente ante las situaciones en las que nos encontramos. Igualmente siempre se ha considerado que uno de los aspectos que nos diferencian de los animales es precisamente esto, el libre albedrío.

Sin embargo lo cierto es que el libre albedrío es tan solo un espejismo, una apariencia. Al igual que el resto de cuanto existe en el universo, estamos totalmente predeterminados. Hacemos lo que hacemos porqué no podemos hacer otra cosa, exactamente igual que los animales. La única diferencia es que en nuestro caso el tipo de factores que nos determinan son más amplios.

Nuestra base genética y nuestras vivencias pasadas: ese es el núcleo de nuestras elecciones. Evidentemente escogemos, escogemos siempre entre varias opciones que se nos presentan. Pero, ¿a caso no hace lo mismo un animal? Si un animal es atacado y tiene que huir escogerá una vía de escape descartando otra. Por tanto, ¿que diferencia existe con los humanos?
Supuestamente mediante el libre albedrío podríamos haber escogido cualquiera de las opciones que se nos presentaron y no forzosamente una, como le sucedería a un animal. Esto en el fondo es un sinsentido, siempre escogemos influidos por nuestro carácter, formado éste por nuestra genética y nuestras vivencias pasadas. Como animales que somos.

De hecho si esto no fuera así sería totalmente perturbador. Sin ningún motivo, simplemente por ser una opción, mañana podría dedicarme a apuñalar a la gente. Cuando hacemos algo siempre lo hacemos por algún motivo predeterminado. Escogemos, sí, pero no libremente. De hecho lo que llamamos Yo se traduce precisamente en eso: en escoger en función a como somos, por tanto cómo somos nos obliga a escoger de manera predeterminada. Evidentemente existen análisis previos, la mente tiene que evaluar y decidir cual es la opción que cree más correcta en función a su propia estructura.

Igualmente sería absurdo negar que el ser humano tiene la sensación de escoger libremente, y es una sensación de gran fuerza. Pero como digo, esto es tan solo una sensación que percibimos a posteriori de realmente haber tomado una decisión, como científicamente se ha demostrado:
http://www.redaccionmedica.com/revista_prensa/archivo/levante_16_04_08_10.pdf


¿Qué es entonces esa sensación de libertad? Se trata de aquello que nos diferencia de los animales: la conciencia. He concluido en que un humano y un animal escogen exactamente igual, la diferencia, creo, es que un animal no tiene conciencia de haber escogido entre opciones, mientras que el ser humano sí. Aunque escojamos igual de determinados tenemos conciencia de todo el proceso, pero esta conciencia no puede darse antes o a la vez de escoger, si no justamente después.

Y a pesar de todo lo expuesto, sí creo que podamos alcanzar la libertad absoluta, aunque no es una libertad de acción si no precisamente de inacción. Aquello que nos aporta esa sensación, falsa, de libertad es la conciencia. Mientras nos identifiquemos con la acción de escoger jamás seremos libres, por todo lo que hemos visto, ahora bien si comprendemos que en el fondo lo que realmente nos otorga la sensación de Yo y de libertad es la Conciencia, la capacidad de observar, y nos situamos en ese nivel, nos identificamos a nosotros mismos como observadores de nuestra vida, entonces somos totalmente libres.

Es como identificarnos con el protagonista de una película o bien con el espectador, sentado en el cine. El primero está totalmente determinado y no tiene libertad, escoge pero en realidad no lo hace libremente, el guión está escrito. Sin embargo el espectador, sin poder cambiar el argumento, es totalmente libre pues nada de lo que suceda en la pantalla puede realmente afectarle. Sin embargo, y he aquí la paradoja final, no podemos escoger libremente identificarnos con uno u otro, es algo que llega cuando tiene que llegar, tras las vivencias que nos impulsarán finalmente a dar este último paso.

Tan solo es libre aquel que comprende que no tiene ninguna libertad, pues al dejar de luchar contra su verdadera naturaleza se acomoda a ella y ya nada puede afectarle realmente.